La inauguración de los Juegos Parapanamericanos dejó claro, una vez más, que el Gobierno del Estado que encabeza Emilio González Márquez, tiene un discurso muy bonito que no se corresponde con la práctica.
Durante días, él y mucha gente de su equipo se dedicaron a decir que las competencias que comenzaron este fin de semana serían los juegos de la inclusión y propagaron la versión de que la ceremonia de apertura de los Parapanamericanos sería espectacular. Aunque eso sí, nunca se dijo que igual de espectacular que la de los Panamericanos.
Pues bien, lo que se vio en la pantalla este sábado fue, a decir lo menos, pinche. Lo que exhibió una desafortunada desproporción presupuestal: hubo pocos fuegos artificiales y apenas dos artistas de renombre (una, Eugenia León, desaprovechada, y la otra, Yuri, extendida innecesariamente). El juego visual fue poco (apenas una pantalla colocada al centro del estadio de Atletismo) y lo peor es que, lo que sí pasó, es que se repitieron errores: lo más criticado de la ceremonia del 14 de octubre pasado fue presentar a las delegaciones con música pop que nada tenía que ver con la identidad de sus países, y que no es precisamente un orgullo de México para exportar, pero eso se volvió a hacer: sonaron de nuevo, Ha*Ash, Kabah, Caifanes y Timbiriche, mientras salían los atletas. El sonido se cuidó tan poco que hasta los artistas que hicieron playback se escuchaban mal. Qué decir de la actuación de Yuri, que algunos calificaron como peor que la de un show travesti de algún bar gay.
Todo esto habría quedado opacado si se le hubiera dado su lugar a los atletas parapanamericanos, que son las estrellas de la historia papá, pero también ahí se exhibió un preocupante abono a la desigualdad. Los encargados de llevar la antorcha al pebetero no lucieron como ángeles del cielo, ni siquiera se les echó una lucecita, un seguidor, nada. Por momentos, los atletas Jesús Castillo, Iván Cardozo, Lizeth Mendoza, Lenia Ruvalcaba y María de los Ángeles Ortíz corrían o se desplazaban en silla de ruedas por zonas del estadio que estaban completamente a oscuras, y no volaron. Ningún deportista parapanamericano voló como lo hizo la clavadista Paola Espinosa durante la apertura de los Panamericanos.
Lo más grave es que, el Gobierno de Jalisco, el Copag, el gobierno federal y todas las instancias involucradas, fueron incapaces de pensar en las personas con discapacidad de toda América Latina como público televisivo y también se olvidaron de los presentes. Es imperdonable que durante la transmisión oficial, cuya señal generó una empresa contratada ex profeso, no se haya incluido a un traductor al lenguaje de señas o ya por lo menos subtítulos para que los millones y millones de personas con discapacidad auditiva pudieran saber qué estaba pasando en el estadio de atletismo de Zapopan. Como imperdonable es que los discursos de Imelda Guzmán de León –esposa de Emilio González Márquez y presidenta del Comité Organizador de los Parapanamericanos 2011- y de Octavio Lodoño Giraldo –presidente del Comité Paralimpico de las Américas- no hayan sido acompañados por un traductor al lenguaje de señas parado ahí junto a ellos (me dicen que hubo dos, junto a las pantallas, pero no se veían).
Finalmente, más allá del presupuesto, el signo más notable de exclusión: es una pena que los juegos de los atletas paralimpicos se tengan que separar de los otros, de los que la vida no ha puesto en el camino de la discapacidad. Eso sí que genera exclusión, y en nuestros países lo que hace cada vez más falta es que se integre a quienes padecen alguna, no un trato distinto, un trato digno, igual.
Esa debe ser la gran lección que le dejen a Guadalajara los juegos Parapanamericanos. Esta oportunidad se debe aprovechar para adaptar espacios de acceso universal y para que los que aquí vivimos seamos capaces de ver a las personas con discapacidad, no como bichos raros, si no como iguales.
Lo triste es que empezamos mal.
Grava
1.- Penita ajena que durante la misma ceremonia de inauguración de los Parapanamericanos algunos desinformados seguidores de Emilio González Márquez dijeran que el gobernador no estaba presente porque se quedó en la Ciudad de México a negociar su llegada como Secretario de Gobernación. Emilio sí estaba ahí, pero ésta era la fiesta de las primeras damas, que, por un absurdo más, se hacen cargo de lo asistencial.
