En la Historia Interminable, de Michael Ende, todo mundo teme a la nada. Una nada que, en una sociedad decadente y depresiva, está consumiéndolo todo, volviéndolo nada, una nube gris que traga todo y deja un negro vacío del tamaño del universo. Pero esa nada es algo, es real. Hoy Guadalajara vive su propia Historia Sin Fin: un miedo a la nada. Una nada que, a diferencia de lo que pasa en el libro o la película, nadie ha visto, nadie puede probar que exista, aunque eso sí, todo el mundo conoce a alguien que dice que vio, que le contaron que presenció, que le dijeron que es víctima.
En esta psicosis colectiva se muestra que hay una falta de credibilidad muy cabrona; en las instituciones, en los medios, en la gente, en nuestros vecinos, en los otros. Es una gran paradoja: no le creemos a nadie, pero le creemos a nadie. Ese nadie es el rostro del que dicen que sabe, que vio. Ese nadie al que le creemos es el que ha sido incapaz de mostrar una foto de la manta, del cartel, del blog, de la página de internet donde supuestamente aparece la amenaza de secuestrar chiquillos. Ese nadie es el que ha sido incapaz de dar el nombre del supuesto líder al que hay que soltar para que los peques no corran el riesgo de ser levantados. Ese nadie ha sido incapaz de dar el nombre de un padre de familia que confirme que sí, que a su hijo se lo llevaron. Ese nadie ha sido incapaz de mostrar las denuncias o al menos una de la supuesta ola de secuestros. A ese nadie le creemos, porque se lo contó a la vecina, a la amiga, a la comadre, al esposo.
Lo grave es que ese nadie, en suma, se ha vuelto alguien, sin rostro, pero alguien. Esa nada, se ha vuelto algo. Un nosabemosqué que ahí está, acechando. Y cada quien tiene su propia teoría. Que sí, que hay secuestros de niños y que la cosa está tan fuerte que la autoridad se calla para no alarmar más; que sí, que por eso hay policías en muchas escuelas. La presencia de los uniformados confirma que pasó algo. Es un megacomplot, en el que hay un grupo cabrón que es tan cabrón que tiene al gobierno, los gobiernos, de los huevos. Y con esas teorías de conspiración universal región 4, lo único que permitimos es alimentar a un fantasma que sí existe y es poderosísimo: el miedo.
Y para combatirlo. Nos falta un poco de discernimiento lógico. Pongamos las cosas claras. Un hecho como el secuestro masivo de niños es inocultable. Si el Gobierno Estatal, panista, a través de la Procuraduría o la Secretaría de Educación quisiera ocultarlo, ya habría alguien del gobierno municipal, priista o perredista, probando que existe ese hecho. Porque esto es política, y nada es tan rentable como pegarle al de enfrente, sobre todo en tiempos electorales. Pero cuando no hay pruebas, pues ni como.
A los medios se nos ve hoy como cómplices de ese complot. Se nos acusa de quedarnos con la fuente oficial. Pero no. Hemos ido a escuelas, a barrios, a colegios a fraccionamientos y sólo encontramos a los que dicen que vieron, pero a nadie que pueda probarlo. Ningún padre que fuera de cámaras o en pantalla nos diga con el alma desgarrada que sí, que se llevaron a su hijo.
No hay pues, datos de autoridades, ni un solo testimonio de fuente directa que confirme que la nada no es nada, si no algo real. Nada.
Lo que sí hay, es mucho miedo, miedo paralizante que en una semana ha dejado semivacías a algunas escuelas. Unas más que otras.
Lo que comprueba que nada está pasando y que nos estamos miando del miedo ante la nada es que no hay ningún grupo del crimen organizado que hoy se esté atribuyendo ningún secuestro. No olvidemos que cualquier acción de los grupos criminales es propaganda. Tirar el cuerpo de un encobijado, los pedacitos de un cadáver, la narcomanta, tiene un solo objetivo: enviar un mensaje, publicidad para mostrar músculo. Y ante un hecho tan atroz que los mostraría tan poderosos no tendrían por qué callarse. Pero no, ninguno ha dicho ésta boca es mía y soy tan cabrón que tengo a la sociedad y al gobierno, los gobiernos paralizados y comiendo de mi mano. Ellos buscan sembrar terror y ante una reacción como ésta se estarían vanagloriando y lamiendo los bigotes. Pero no, están calladitos ¿Por qué? Por qué no hay nada.
Ante un análisis lógico cuya conclusión contundente es que estamos postrados ante la nada, la pregunta es: ¿vamos a seguir permitiéndonos actuar en función del miedo?, ¿No es mejor mostrarnos como una sociedad fuerte que hace su vida normal ante rumores infundados? Si la respuesta a estas interrogantes es que nos dejamos amedrentar por la nada, hay que encender las alarmas, porque con el miedo, quedándonos en casa, encerrados a piedra y lodo, desconfiando del vecino, estamos creando el ambiente propicio, para que entonces sí alguien, el crimen organizado, o el delincuente solitario, tome las calles, los espacios, las escuelas que les estamos dejando libres. Si un espacio no es ocupado por los ciudadanos, no faltará el vival que quiera sacar provecho. Ese es el verdadero peligro. Eso es lo que no hay que permitir. Ese es El Aurín.
En esta psicosis colectiva se muestra que hay una falta de credibilidad muy cabrona; en las instituciones, en los medios, en la gente, en nuestros vecinos, en los otros. Es una gran paradoja: no le creemos a nadie, pero le creemos a nadie. Ese nadie es el rostro del que dicen que sabe, que vio. Ese nadie al que le creemos es el que ha sido incapaz de mostrar una foto de la manta, del cartel, del blog, de la página de internet donde supuestamente aparece la amenaza de secuestrar chiquillos. Ese nadie es el que ha sido incapaz de dar el nombre del supuesto líder al que hay que soltar para que los peques no corran el riesgo de ser levantados. Ese nadie ha sido incapaz de dar el nombre de un padre de familia que confirme que sí, que a su hijo se lo llevaron. Ese nadie ha sido incapaz de mostrar las denuncias o al menos una de la supuesta ola de secuestros. A ese nadie le creemos, porque se lo contó a la vecina, a la amiga, a la comadre, al esposo.
Lo grave es que ese nadie, en suma, se ha vuelto alguien, sin rostro, pero alguien. Esa nada, se ha vuelto algo. Un nosabemosqué que ahí está, acechando. Y cada quien tiene su propia teoría. Que sí, que hay secuestros de niños y que la cosa está tan fuerte que la autoridad se calla para no alarmar más; que sí, que por eso hay policías en muchas escuelas. La presencia de los uniformados confirma que pasó algo. Es un megacomplot, en el que hay un grupo cabrón que es tan cabrón que tiene al gobierno, los gobiernos, de los huevos. Y con esas teorías de conspiración universal región 4, lo único que permitimos es alimentar a un fantasma que sí existe y es poderosísimo: el miedo.
Y para combatirlo. Nos falta un poco de discernimiento lógico. Pongamos las cosas claras. Un hecho como el secuestro masivo de niños es inocultable. Si el Gobierno Estatal, panista, a través de la Procuraduría o la Secretaría de Educación quisiera ocultarlo, ya habría alguien del gobierno municipal, priista o perredista, probando que existe ese hecho. Porque esto es política, y nada es tan rentable como pegarle al de enfrente, sobre todo en tiempos electorales. Pero cuando no hay pruebas, pues ni como.
A los medios se nos ve hoy como cómplices de ese complot. Se nos acusa de quedarnos con la fuente oficial. Pero no. Hemos ido a escuelas, a barrios, a colegios a fraccionamientos y sólo encontramos a los que dicen que vieron, pero a nadie que pueda probarlo. Ningún padre que fuera de cámaras o en pantalla nos diga con el alma desgarrada que sí, que se llevaron a su hijo.
No hay pues, datos de autoridades, ni un solo testimonio de fuente directa que confirme que la nada no es nada, si no algo real. Nada.
Lo que sí hay, es mucho miedo, miedo paralizante que en una semana ha dejado semivacías a algunas escuelas. Unas más que otras.
Lo que comprueba que nada está pasando y que nos estamos miando del miedo ante la nada es que no hay ningún grupo del crimen organizado que hoy se esté atribuyendo ningún secuestro. No olvidemos que cualquier acción de los grupos criminales es propaganda. Tirar el cuerpo de un encobijado, los pedacitos de un cadáver, la narcomanta, tiene un solo objetivo: enviar un mensaje, publicidad para mostrar músculo. Y ante un hecho tan atroz que los mostraría tan poderosos no tendrían por qué callarse. Pero no, ninguno ha dicho ésta boca es mía y soy tan cabrón que tengo a la sociedad y al gobierno, los gobiernos paralizados y comiendo de mi mano. Ellos buscan sembrar terror y ante una reacción como ésta se estarían vanagloriando y lamiendo los bigotes. Pero no, están calladitos ¿Por qué? Por qué no hay nada.
Ante un análisis lógico cuya conclusión contundente es que estamos postrados ante la nada, la pregunta es: ¿vamos a seguir permitiéndonos actuar en función del miedo?, ¿No es mejor mostrarnos como una sociedad fuerte que hace su vida normal ante rumores infundados? Si la respuesta a estas interrogantes es que nos dejamos amedrentar por la nada, hay que encender las alarmas, porque con el miedo, quedándonos en casa, encerrados a piedra y lodo, desconfiando del vecino, estamos creando el ambiente propicio, para que entonces sí alguien, el crimen organizado, o el delincuente solitario, tome las calles, los espacios, las escuelas que les estamos dejando libres. Si un espacio no es ocupado por los ciudadanos, no faltará el vival que quiera sacar provecho. Ese es el verdadero peligro. Eso es lo que no hay que permitir. Ese es El Aurín.
Ricardo Salazar
Twitter: @salazargdl
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