domingo, 5 de enero de 2014

Estrenando amor


Les cuento el chisme. Me he vuelto a enamorar. Volví a creer en el amor. Entré al Café Benito a desayunar y ahí estaba, en la puerta. Fue amor a primera vista. A la primera mirada se me encendió el deseo y se me aceleró el corazón. Con coquetería se me insinuó como invitando a tocar y prometiendo futuro. Pude sentir sus impulsos eléctricos. Yo bajé los ojos para admirar sus atributos. Escultural belleza de arriba a abajo. La hermosura tangible y cercana. Fue como una iluminación celestial. Hasta creo haberle visto alitas. Ya luego supe que no era de mi clase, que lo suyo era nomás con "gente bien" y de lana -que no es lo mismo- y peor, que tenía dueño, como era de esperarse en cualquiera de su especie. Todo lo que me gusta es caro o está ocupado y aunque la idea del poliamor no me desagrada, en este caso no se podía compartir, era todo o nada. De él o mí. Pero aún así, supe que había nacido el amor y que algún día, algún día estaríamos juntos y así juntitos recorreríamos el mundo.

Se trata de una -sí es UNA, así en femenino ¿pos qué pensaban?- Smart ebike eléctrica gris hecha por la compañía que hace los coches del mismo nombre. Es la apuesta de esa marca para la movilidad sustentable. Tiene un diseño de poca madre, una pila adaptada a su cuadro perfectamente acoplada a su diseño (no como otras, en que parece sobrepuesta) que permite recorrer hasta 100 kilómetros si está cargada en su totalidad y un motor eléctrico de 4 modalidades que alcanza velocidades de hasta 25 kilómetros por hora, cadena dentada de fibra de carbono, frenos de disco, una pantalla pegada a su manubrio que muestra velocidad, cantidad existente de pila, ruta y distancia, y con adaptador para iPhone que da entrada a las aplicaciones de Smart que permiten sacarle más jugo al aparato. La maravilla, que digo la maravilla, laaaaas maravillas del mundo, hechas bici. Y lo mejor es que se vende en México.

Así que: Yo, como, dice el anuncio: ya me vi. Me vi en ella recorriendo la ciudad, las ciudades, los campos, las carreteras, la Vía RecreActiva, el camino diario a la chamba. Ya hasta le había puesto un lugar en mi oficina, y en mi depa, hasta que... (sonido de scratch, por favor) vi el precio: 3 mil euros, algo así como 54 mil pesos (Claro, ¿Qué se podía esperar de una subsidiaria de Mercedes Benz?). Aijoesú!, dije en voz alta, no podrá ser mía... por ahora.

Así que me calmé y salí despechado del Café Benito -que por cierto se anota un 10 al permitir que uno pase con la bici hasta la mesa- y me fui en mi linda Richicleta Alubike DragonFly -que es la que más me ha durado, festejo con ella ya 14 meses- a dar la vuelta en la Vía RecreActiva. No terminaba de llorar, rumiando como vaca mi pena, cuando, como la ardilla de La Era del Hielo, se me volvió a abrir el cielo, se hizo la luz y mientras escuchaba ángeles cantando, la ví: la nueva señora de Salazar. La nueva Richicleta. Una hermosa fixie color verde fluorescente con llantas, asiento y manubrio blancos, a la que le traía ganas desde hace meses y además con un descuentazo: estaba rebajada una tercera parte de su precio original, así que corrí al cajero y la hice mía, My Precious.

Lo que es la vida y el destino. Sale uno como si nada de su casa pensando que será un domingo cualquiera y se enamora, y al no poder tener al objeto de deseo la misma vida arregla todo para compensarlo y que uno termine cumpliendo un capricho que lo hace olvidar y hasta mandarle decir a la mustia inicial, que al cabo que tengo a esta y ni quién te necesite.

Así es amiguitos, el amor por las bicis, es igualito que el de los humanos (bueno, la neta, menos complicado).


                                          Ésta es la susodicha. ¿A poco no está bien guapa?



Si quieren más info de la Smart e Bike, píquenle aquí, y enamorense y sufran como yo http://mx.smart.com/mx/es/index/smart-electric-bike.html 
http://mx.smart.com/mx/es/index/smart-electric-bike.html