Por. Ricardo
Salazar
Guadalajara, Jal 22/02/2016
Pinches gays perversos. Se quieren casar para tener el
derecho a adoptar. Quieren adoptar para pervertir menores. Esos menores pueden
ser nuestros hijos y no queremos eso. Porque claro, TODOS los gays son
pederastas y no queremos a ningún niño cerca de ellos mucho menos a los
propios, nuestros hijos. Además todo esto forma parte de un complot
internacional que por medio de una ideología de género busca acabar con la
familia, con NUESTRO modelo de familia. Si se aprueba el matrimonio gay en
Jalisco, o si se modifica el Código Civil, lo que sigue es que la sociedad
enterita se desgrane, que las familias truenen como ejotes y que haya una
adopción masiva de niños por parte de parejas del mismo sexo. O sea: el horror.
Más o menos así se puede resumir el mensaje que se
escuchó en el mitin que se realizó este fin de semana en Plaza Liberación
convocado por Jalisco es Uno por Los Niños. Una serie de discursos llenos de
miedo legítimo, como el de una señora que llorando declaraba que no quiere, no
quiere por nada del mundo, que si se mueren ella y su marido, sus hijos, sus
amados hijos –se le corta la voz- terminen viviendo en casa de unos
homosexuales.
Otro testimonio lo dio una joven mujer que dijo ser hija
de un homosexual -cosa difícil de explicar porque según los organizadores los homosexuales y lesbianas no pueden dar vida-. Con voz fuerte contó que no conocía a su padre hasta los 15 años y que cuando se
enteró que era gay se quiso suicidar, pero con el apoyo de su madre, quién
también la pasó muy mal, salieron adelante. Así que no, no hay que dejar que
los homosexuales tengan hijos.
Con una gran elocuencia, cuando el acto se acercaba a su
final y el sol pasaba factura a los asistentes, un hombre con tono de pastor
carismático –esos que hablan entre llorando y extasiados como si estuvieran
viendo de frente al mismísimo Dios y su infinita luz- decía que aprobando leyes
tan absurdas como la que permite casarse y adoptar a las parejas del mismo
sexo, lo que sigue es que los diputados aprueben que los burros vuelen, y no,
no queremos eso.
El público estaba integrado por familias de todo tipo,
mamás con tres o cuatro hijos chiquitos; mamá y papá con hijos adolescentes, y parejas ya
entradas en años que gritaban con entusiasmo "¡Aquí no!", cuando alguien
mencionaba el matrimonio homosexual. También había grupos de chavos compañeros
de universidad y bolitas de señoras bien amiguis, vestidos de blanco con pancartas y globos azules y rosas. Uno
que otro sacerdote, seminaristas, monjas y religiosas de las que ellos llaman “laicas”
también se hicieron presentes. Y entre ellos, una diputada federal del PAN, un
senador del mismo partido, una diputada local del blanquiazul y uno de
MC, que fue “a escuchar”. Los que no fueron son los líderes religiosos, tampoco
los personajes públicos que alientan y recogen su discurso para hacer negocio. No estaba el payasito de la tele que considera una aberración a la homosexualidad ni la
conductora de radio que la cura.
Entre cada testimonio los organizadores se dedicaban a
animar al público a cantar y a gritar porras como “¡Mamá y papá!, ¡Mamá y Papá!”,
“¡Viva La Familia!” y uno que otro “¡Viva Cristo Rey!”.
El ambiente era de tensión, pues se montó un
impresionante operativo de seguridad por parte del gobierno estatal que colocó
vallas 4 cuadras a la redonda y cercó prácticamente la mitad de la Plaza
Liberación. Seguramente porque andaba por ahí un grupo de "provocadores" con pancartas a favor del matrimonio gay, o más seguramente porque se esperaba más gente. 100 mil personas se
habían convocado, según los organizadores, pero de acuerdo con lo que han logrado coincidir
varios medios llegaron 7 mil. Se esperaba que esas 100 mil personas llenaran
las 4 plazas que integran la Cruz de Plazas que tienen a la Catedral de
Guadalajara como centro, pero no fue así. Aunque se montaron pequeños equipos
de audio, llegaron apenas unas decenas de personas a la Rotonda de los
Jaliscienses Ilustres, unas cuantas también a Plaza Guadalajara y al ver tan
solos sus puntos de reunión optaron por sumarse al acto en Plaza de Armas donde
unas 200 personas se congregaron previo al gran acto en Plaza Liberación.
Ahí, frente a Palacio de Gobierno, unas chinas poblanas
bailaban El Son de la Negra, en tanto que en Plaza Liberación mientras se
congregaba la gente, un mariachi con trajes blancos y apretaditos tocaba desde
El Mariachi Loco, hasta Guadalajara, Guadalajara; porque de eso se trata, de
preservar nuestras tradiciones. Lo que es DE AQUÍ. Como la familia. Por eso se
defiende, porque es de aquí, porque Jalisco siempre ha sido un estado familiar,
decían en cada arenga los organizadores. SIEMPRE.
Visto así cualquiera los apoyaría: una horda de gays
perversos nos quiere quitar a nuestros hijos, están prestos a que nos muramos
para adoptarlos. Nada saben de eso que se llama Patria Potestad que establece
que mientras haya un familiar directo que pueda hacerse cargo, el niño permanecerá con él y en este estado si algo sobra sobra son las abuelas o las tías. Nada saben de las cifras de violencia intrafamiliar y de abuso sexual
que muestran que el agresor está en casa, y muchas veces, la gran mayoría, es el
propio padre o la madre biológicos. No. Los hogares donde hay mamá y papá son sinónimo de
amor perpetuo, puro y permanente, y por eso hay que preservarlos. Sí,
preservarlos, porque aunque se dijo poco también están en contra del divorcio
exprés. Nadie les dijo que eso ya se aprobó hace algunas semanas en ese
Congreso del Estado que tienen al lado. Nadie.
Nadie les dijo nada tampoco sobre lo difícil que es, para
una pareja de heterosexuales, adoptar en Jalisco. Nadie les contó que hay
cientos de niños que siguen en los albergues aún cuando ya tienen esperando a una pareja
buena y heterosexual, que les dará cobijo, esperando por la maldita burocracia.
Nadie. Y por ello nada pidieron en su MANIFIESTO -así lo llamaron, y con
mayúsculas- para que se agilice o mejore el proceso de adopción para que
parejas buenas y heterosexuales puedan adoptar y darle al niño ese derecho que
tanto reclaman: tener UN papá y UNA mamá.
Nada hay en el documento con respecto a ampliar el
presupuesto para albergues o ONG´s que atienden diariamente a esos niños y se
convierten en sus padres. Un colectivo amoroso de enfermeras, médicos,
trabajadores sociales, mairos y demás que se la rifan y son de hecho su familia
colectiva, su única familia. Nada.
Nada hay tampoco para pedir mejora o aplicación de programas para atender a niños de
la calle que viven de las limosnas y que quién sabe si son hijos de parejas
heterosexuales u homosexuales. Nada hay sobre reformas para impedir y sancionar
el trabajo infantil, ese al que muchos padres bio-ló-gi-cos someten a sus propios hijos.
Nada hay de eso. Lo que hay es miedo a la nada. Miedo a algo que no está en ninguna ley y que nadie promueve ni busca: que les quiten a sus hijos o que cuando mueran se los den a una pareja gay. Están muy asustados, y por eso piden a diputados que no lo permitan, por Dios, y los diputados, claro, oportunistas, se ponen camiseta de súper héroe y les dan atole con el dedo: "tengan por seguro que lo impediremos, nadie tocará a sus familias". Y entonces el miedo se les va. Se les llena la cara de esperanza, de luz y de ilusión y juntos entonan, arengados por una mujer que grita horrible: “!Una porra a nuestros diputados!”… “¡Vivan los diputados de Jalisco, que sí nos escucharon!... ¡Viiiiiivaaaan!”
Nada hay de eso. Lo que hay es miedo a la nada. Miedo a algo que no está en ninguna ley y que nadie promueve ni busca: que les quiten a sus hijos o que cuando mueran se los den a una pareja gay. Están muy asustados, y por eso piden a diputados que no lo permitan, por Dios, y los diputados, claro, oportunistas, se ponen camiseta de súper héroe y les dan atole con el dedo: "tengan por seguro que lo impediremos, nadie tocará a sus familias". Y entonces el miedo se les va. Se les llena la cara de esperanza, de luz y de ilusión y juntos entonan, arengados por una mujer que grita horrible: “!Una porra a nuestros diputados!”… “¡Vivan los diputados de Jalisco, que sí nos escucharon!... ¡Viiiiiivaaaan!”

