viernes, 25 de septiembre de 2015

Carta a KumaClós

Por Ricardo Salazar 
@salazargdl



Resulta bien curioso cómo encumbramos figuras en las que ciframos nuestras esperanzas de cambio y de manera consciente o inconsciente les asignamos el poder súper sayayín de pintarnos un futuro mejor: sin corrupción, sin compadrazgos, sin gasto ofensivo y por supuesto con más árboles y pajaritos y arcoíris. Hoy, en Jalisco, ese líder que nos salvará, nomás de todo, lleva por nombre Pedro Kumamoto.

Sí, Kuma, como en su momento Bebeto, Fox, el Peje ó Alfaro representa hoy al caudillo al que le estamos confiando la misión de salvarnos. Él y sólo él será el que acabe con la corrupción en el Congreso. Él y sólo él será el que rebane la ofensiva nómina de cuates que tienen los diputados. Él y sólo él tendrá los huevos para correr al auditor y exhibir sus corruptelas. Él y sólo él denunciará e impugnará las cuentas públicas de los corruptos, que los malditirijillos de los partidos políticos se intercambian como cartitas. Él y sólo él hará que los puestos directivos en organismos públicos como la Comisión de Derechos Humanos o el Instituto de Transparencia ya no se repartan con cuotas partidistas o por recomendación de los poderes fácticos de este estado o a gusto del gobernador. Y no sólo eso, sino que además él y sólo él logrará que se apruebe el matrimonio homosexual en Jalisco y él y sólo él nos va a enseñar cómo se hace política ciudadana y participativa de a de veras. Así lo estamos viendo.

Y lo vemos como un héroe porque siendo candidato independiente, con condiciones muy desfavorables para competir, pero sobre todo con muy poca lana, le partió la madre a los priistas, los panistas y también a los alfaristas. Y está padre que así sea, pero ya va siendo tiempo de echarnos una muy buena dosis de realidad, porque la neta, la neta, la neta, la estamos cagando.

La estamos cagando, porque, primero, estamos esperando a que comience la legislatura y cifrando las esperanzas en un solo hombre, en lugar de ubicar desde ya al que será el próximo diputado por nuestro distrito para leerle la cartilla. Ya estaríamos, como ciudadanos, organizándonos en la colonia o en el barrio para ponernos de acuerdo sobre qué le vamos a exigir a ese diputado y para hacer al menos tres o cuatro iniciativas de ley que él, como nuestro representante, estará obligado a presentar ante el Congreso y a defenderlas en comisiones como un perro al peso. Ya estaríamos citándolos nosotros a las reuniones vecinales en donde les dejemos claro que no se las vamos a dejar barata y que cuando voten algo que no nos guste se los vamos a reclamar y restregar en la cara. Ya estaríamos buscándolo para exigirle que nos dé su teléfono personal y el mail donde van a recibir nuestra retroalimentación, quejas, denuncias, y, por qué no, porras si lo hacen bien, de manera permanente. Son nuestros empleados y un jefe tiene el número de su subalterno, ¿no?, ¿Por qué no hacer eso con los legisladores?

Ya estaríamos buscándolos y encontrándolos para exigirles que desde ya, nos digan en qué página de internet van a subir lo que ganan, por sueldo o por otros conceptos como “Casa de Enlace”, “Apoyo Legislativo” y mamadas por el estilo que se suelen inventar. Ya les estaríamos exigiendo que sus gastos se transparenten en tiempo real, para que al final no nos salgan con sorpresitas como que gastaron la lana pública, en tampones o bubulubús y que de eso nos enteremos sólo si una periodista perspicaz lo detecta y lo publica.

Ya estaríamos dejando bien clarito que no les vamos a permitir que su partido les tire línea y que si hacen fechorías como los actuales o los anteriores nos vamos a ir a plantar al congreso y les vamos a hacer guardia en el lugar a donde van a comer, en la escuela donde están sus niños, en su gimnasio o en el antro donde se divierten, para señalarlos permanentemente como lastres hasta que no les quede de otra que renunciar – la vía más fácil, claro, es la civilizada Revocación de Mandato, pero como los cabrones no la aprobaron, pues apliquemos la Ley del Ciudadano Ladilla-.

Los dipus locales entran en funciones hasta noviembre, así que todavía tenemos 5 semanas para hacer todo esto. Si no lo hacemos, si no nos asumimos cada ciudadano, como sus auditores, patrones, guías y eventuales verdugos, nos toparemos con otra legislatura que pasará a la historia como una más que le vio la cara a los habitantes de Jalisco, que estaban deslumbrados con un caudillo al que otra vez se lo tragó el pinche sistema ¿Lo vamos a permitir?

GRAVA.-

Hasta ahora Kumamoto se ha refugiado en una cómoda salida para no tomar postura en temas polémicos que, asume, le sacan canas verdes a los que votaron por él –el 10 es un distrito tradicionalmente panista, y por lo tanto conservador, se dice-. Por eso siempre que le preguntan sobre bodas gay o legalización de la mota sale con que “yo no soy yo, soy un colectivo del que sólo soy el rostro” –igual que la Santísima Trinidad- , pero no hace nada por crear mecanismos para consultar en su distrito el tema para tener claro para qué lado masca la iguala y decirnos ahora sí, cuál es la opinión de los que representa, en lugar de asumirla*. Haciendo algo así, sí que le pondría la muestra a los políticos tradicionales. Y eso es algo que debería hacer siempre: antes de votar ir a consultar a su distrito y cada vez que suba a tribuna dejar claro que vota en ese sentido, no porque se le antoje, sino porque así se lo ordenó la gente a la que representa. Eso obligaría a que los demás legisladores vayan más seguido por su distrito y se vuelvan de verdad lo que dicen ser, pero la neta no son: “nuestra voz en el Congreso”. Muajá.


*Ya se sabe que los Derechos Humanos no se consultan, y mucho menos en temas de igualdad, pero si el señor no se atreve a decir lo que piensa, por lo menos que, ¡por Dior!, tome postura y la respalde en algo real.

martes, 8 de septiembre de 2015

Cachetada a los Derechos Humanos


Por Ricardo Salazar


Les va a sonar extremo, pero así es. Hoy las condiciones están dadas para que en Jalisco se pueda registrar otro caso Ayotzinapa. ¿Por qué? Porque tenemos autoridades que se extralimitan y aplican a su gusto particular la ley, y lo peor, porque tenemos una sociedad que lo justifica y hasta lo celebra y les echa porras.
Eso fue exactamente lo que pasó hace un año en Iguala. Un grupo de jóvenes presuntos delincuentes fueron enfrentados por una autoridad que hizo valer la ley a madrazos y balazos, no, como debería, deteniéndolos y poniéndolos ante un juez, quien, eventualmente habría decidido si sí habían cometido un delito y habría dictado la pena para ello. No. Los policías se abrogaron ese derecho y abusando de su autoridad les dieron su calentadita a esos rijosos que ya los tenían hasta la madre a ellos y, ojo, a LA SOCIEDAD, mucha de la cual sigue justificando lo que pasó porque los hoy desaparecidos eran “unos vándalos”.
Y aquí está la conexión con Jalisco. Este martes se difundió en redes sociales un video en el que se ve a tres dizque agentes del Ministerio Público, que en un interrogatorio a dos adolescentes que presuntamente se habían robado un celular, se los agarran a cachetadas guajoloteras y a madrazos hasta que los dejan sangrando y sin aire. Esa tortura física es acompañada de una tortura psicológica en la que los contraponen y les gritan groserías y amenazas.
Es decir, tenemos a una autoridad que se extralimita y abusa de su poder, porque asume que no va a pasar nada. Y peor. Por la forma en que se comportan en  el video –que además ellos filmaron, los muy pendejos- se nota que para esos agentes eso es “lo normal” y que como no están ante angelitos –Nájera, dixit- pues hay que tratarlos con huevos.
Pero lo más, más, más cabrón, son los comentarios que la gente puso en el video: la gran mayoría celebró que unos “raterillos de poca monta” como esos “lacras” hayan recibido “las cachetadas que sus papás no les han puesto”. Es decir se asume que eran culpables, cuando eso le toca a un juez determinarlo, y peor, se normaliza la práctica de la tortura porque es aplicada a gente que se considera que no tiene derechos y que se merece eso y más porque son delincuentes.

Y no. Tenemos que recordar que no, que los Derechos Humanos son para TODOS por el simple hecho de ser humanos y que merecemos un trato de respeto y la garantía de que si caigo en manos de una autoridad, mi salud y mi vida no corren riesgo. Porque si hoy, sin la certeza de que se trate de delincuentes justificamos eso, no estamos lejos de padecer lo mismo mañana si nosotros somos acusados de algo. Si justificamos la tortura a los otros, al rato no nos quejemos si nos las aplican a nosotros o algún miembro de nuestra familia y que eventualmente se les pase la mano, como sucedió en Guerrero. ¿Queremos eso?