¡Hola! ¡Buenos días! Es un gran gusto estar nuevamente en México lindo y querido. Traigo conmigo los saludos y la amistad del pueblo de los Estados Unidos, incluyendo a decenas de millones de orgullosos mexicano-americanos.
Esta es mi cuarta visita a México siendo Presidente. Cada vez que vengo, me siento inspirado por la cultura de ustedes, por la belleza de esta tierra y, sobre todo, por el pueblo mexicano. Ustedes han recibido amistosamente a mi esposa Michelle aquí. Ustedes han recibido amistosamente a nuestra hija Malia y a sus compañeras de clase en Oaxaca. Y, como padre orgulloso, les puedo decir que ella está mejorando muchísimo su español. También ayuda que ella sea más inteligente que yo.
Es un honor estar nuevamente en la Ciudad de México, que es una de las grandes ciudades del mundo. Es un placer estar entre amigos. Resulta propio que nos reunamos en este gran museo, que celebra las civilizaciones antiguas de México y los logros de estas en las artes y la arquitectura, la medicina y las matemáticas. En épocas modernas, la mezcla de las culturas y las tradiciones de ustedes fue expresada en los murales de Rivera, las pinturas de Frida, la poesía de Sor Juana y los escritos de Octavio Paz.
En algún momento Paz escribió palabras que capturan el espíritu de nuestra reunión en el día de hoy, en este lugar que celebra el pasado de ustedes, pero que esta mañana está lleno de ustedes, los jóvenes que moldearán el futuro de México. Paz dijo que “La modernidad no está afuera sino adentro de nosotros. Es hoy y es la antigüedad más antigua, es mañana y es el comienzo del mundo, tiene mil años y acaba de nacer.”
Por eso es que quería tener esta oportunidad de hablar con ustedes hoy. Ustedes viven en la intersección de la historia a la que Paz se refirió. El honor y el patrimonio de ustedes, que tiene miles de años, pero ustedes también son parte de algo nuevo, una nación que se está rehaciendo a sí misma. Y a medida que nuestro mundo moderno cambia alrededor de nosotros, es el espíritu de la juventud, el optimismo y el idealismo de ustedes que impulsarán al mundo hacia adelante.
Ustedes ven la diferencia entre el mundo como es ahora y el mundo como debe ser; entre las actitudes antiguas que pueden impedir el progreso y la nueva manera de pensar que nos permite conectarnos y colaborar con otras culturas. Eso incluye la manera en que consideramos la relación entre nuestras dos naciones.
A pesar de los fuertes lazos y valores que compartimos, a veces las actitudes, en ambos países, están aferradas a los viejos estereotipos. Algunos estadounidenses solo visualizan a México citado en titulares sensacionalistas de violencia y de gente que cruza la frontera. Es posible que algunos mexicanos piensen que los Estados Unidos no respetan a México, que nosotros tratamos de imponernos a la soberanía mexicana o, por el contrario, que queremos mantenernos al margen de la situación. Y, en ambos países, esas distorsiones pueden fomentar mitos y malentendidos que solo dificultan el hecho de poder progresar juntos.
He venido a México porque es hora de dejar a un lado las predisposiciones mentales de antaño. Es hora de reconocer las nuevas realidades, incluyendo el progreso impresionante en el México de hoy. Ya que, incluso a medida que los mexicanos continúan haciendo sacrificios valientes por la seguridad de su país; incluso a medida que los mexicanos en las áreas rurales y en los barrios no lejos de aquí luchan por darles una mejor vida a sus hijos…también es obvio que está emergiendo un nuevo México.
Yo veo a un México que está solidificando su democracia. Ciudadanos que dan a conocer su opinión y expresan claramente que la violencia y la impunidad no son aceptables. Una prensa valiente que se esfuerza por hacer que los líderes rindan cuentas de sus acciones. Una sociedad civil robusta, incluyendo a los valientes defensores de los derechos humanos que exigen dignidad y un estado de derecho. Partidos políticos que compiten vigorosamente, que transfieren el poder pacíficamente, y forjan el acuerdo del que depende el progreso. Y aun cuando la labor de perfeccionar la democracia no se termina nunca, como bien lo sabemos en nuestros dos países, ustedes van adelante en pleno conocimiento de la verdad que una vez dijera Benito Juárez: “la democracia es el destino de la humanidad”.
Veo a un México que está creando nueva prosperidad. Que está comerciando con el mundo. Convirtiéndose en una potencia manufacturera, desde Tijuana y Monterrey hasta Guadalajara y a través de las mesetas centrales; un líder global en los automóviles y los electrodomésticos y los productos electrónicos. Pero además un centro de innovación de alta tecnología, que produce el software y los equipos computarizados de nuestra era digital. Un hombre en Querétaro habló en nombre de un número creciente de mexicanos cuando dijo que “No hay motivo de ir al extranjero en busca de una vida mejor; aquí hay buenas oportunidades”.
De hecho, veo a un México que ha sacado a millones de la pobreza. Debido a los sacrificios de otras generaciones, una mayoría de los mexicanos ahora puede considerarse a sí misma de clase media con una calidad de vida con la que sus padres y sus abuelos solo podían soñar. Esto incluye las nuevas oportunidades para las mujeres, que están demostrando que, cuando se les da la oportunidad, ustedes también pueden moldear el destino de su país.
En ustedes, la juventud de México, veo a una generación empoderada por la tecnología. Creo que puedo ver a algunos de ustedes escribiendo tuits y enviando watsaps ahora mismo. Y ya sea aprovechando los medios sociales para preservar las lenguas indígenas o defendiendo el futuro que ustedes desean, ustedes están dejando claro que la voz de ustedes se escuchará.
Y veo a un México que está ocupando su lugar merecido en el mundo. Defendiendo la democracia en nuestro hemisferio. Compartiendo su pericia con sus vecinos en todas las Américas, cuando estos encaran terremotos y amenazas a sus ciudadanos o cuando van a las urnas a emitir sus votos. Ustedes se han unido a las filas de las economías mayores del mundo, y fueron la primera nación de América Latina en ser sede de una reunión del G-20, que representa otro paso seguro en el escenario mundial.
Al igual que México está experimentando una transformación, también la están experimentando los lazos entre nuestros dos países. Como Presidente, me he guiado por una proposición básica, ya que en esta relación no hay un socio mayoritario ni minoritario. Somos dos socios en igualdad de circunstancias; dos naciones soberanas que tienen que colaborar entre sí en aras de un interés y un respeto mutuos.
Tal como colaboré con el Presidente Calderón, le he reafirmado al Presidente Peña Nieto que la gran alianza entre nuestros dos países no solo continuará, sino que se hará aun más sólida y aun más amplia. En mi tiempo compartido con el Presidente Peña Nieto, he podido apreciar su profundo compromiso con México y el futuro de este. Compartimos la creencia de que, como líderes, la misión que nos guía es mejorar las vidas de nuestros pueblos. Así es que estamos de acuerdo en que la relación entre nuestras naciones tiene que definirse, no por las amenazas que encaramos, sino por la prosperidad y la oportunidad que podemos crear juntos. Y, si tenemos la seria intención de ser socios igualitarios, entonces ambas de nuestras naciones tenemos que reconocer nuestras responsabilidades.
Aquí en México, ustedes han emprendido reformas ambiciosas, para hacer que su economía sea más competitiva y que sus instituciones sean más responsables de sus acciones hacia ustedes, el pueblo. A medida que ustedes intentan lograr esas reformas, sepan que tienen el apoyo sólido de los Estados Unidos. Ya que, independientemente de si están interesados en servicios básicos, o intentando abrir un nuevo negocio, nosotros compartimos la creencia de ustedes de que deben poder lograr su cometido sin tener que pagar un soborno. Y cuando mexicanos talentosos como ustedes se imaginan su futuro, deben tener todas las oportunidades de tener éxito aquí mismo en el país que ustedes aman.
En los Estados Unidos, reconocemos nuestras responsabilidades también. Entendemos que la causa básica de mucha de la violencia aquí, y de tanto sufrimiento para tantos mexicanos, es la demanda de drogas ilegales, incluyendo en los Estados Unidos. Ahora bien, yo no creo que legalizar las drogas es la respuesta; en lugar de ello, creo en un enfoque general, no solo de cumplimiento del orden, sino de educación, prevención y tratamiento. Y vamos a continuar esforzándonos en ello, puesto que las vidas de nuestros hijos y el futuro de nuestras naciones dependen de esto.
Reconocemos que la mayoría de las armas que se usan para cometer la violencia aquí en México provienen de los Estados Unidos. En los Estados Unidos, nuestra Constitución nos garantizar el derecho individual de portar armas, y como Presidente yo hice un juramento de respetar ese derecho y así lo haré por siempre. Al mismo tiempo, como lo he dicho en mi país, continuaré haciendo todo lo que tenga a mi alcance para aprobar reformas de sentido común sobre las armas que logren que estas no lleguen a manos de gente peligrosa; reformas que salven vidas en ambos de nuestros países. Mientras tanto, continuaremos aumentando la presión a los traficantes de armas que traen armas ilegales a México, y continuaremos colocando a estos delincuentes donde pertenecen, que es tras las rejas.
Reconocemos nuestra responsabilidad, como nación que tiene la creencia de que todas las personas han sido creadas iguales, de tratarnos los unos a los otros con dignidad y respecto. Esto incluye reconocer cómo los Estados Unidos se han fortalecido con las extraordinarias contribuciones hechas por los inmigrantes de México y por los estadounidenses de ancestro mexicano.
Los mexicano-americanos enriquecen nuestras comunidades, incluyendo a mi ciudad natal de Chicago, donde uno puede caminar por barrios tales como Pilsen y La Villita, que están repletos de murales de patriotas mexicanos; cuando un puede parar en una fonda o escuchar los ritmos de baladas intemporales, y donde nos inspiramos con la inmensa fe de nuestras gentes en iglesias tales como Nuestra Señora de Guadalupe.
Estamos agradecidos a los mexicano-americanos en todos los segmentos de nuestra sociedad; por enseñar a nuestros hijos, manejar nuestras empresas, servir con honor en nuestra fuerza militar, hacer descubrimientos científicos, y defender la justicia social. Como le dijo el Dr. Martin Luther King a César Chávez, somos “hermanos en la lucha por la igualdad”. De hecho, sin el fuerte apoyo de los hispanos, incluyendo a tantos mexicano-americanos, yo no estaría ante ustedes aquí hoy como Presidente de los Estados Unidos.
Nuestro futuro compartido es uno de los motivos de que nosotros en los Estados Unidos también reconozcamos la necesidad de reformar nuestro sistema de inmigración. Somos una nación de leyes y, como toda nación, tenemos la responsabilidad de garantizar que se cumplan nuestras leyes.
Pero también sabemos que, como nación de inmigrantes, el sistema de inmigración que actualmente tenemos en los Estados Unidos no refleja nuestros valores. Este separa a las familias cuando debería reunirlas. Ha llevado a millones de gente a vivir en las sombras. Nos priva de los talentos de tantos jóvenes, no obstante el hecho de que sabemos que los inmigrantes siempre han sido un motor de nuestra economía; que han iniciado algunas de nuestras mejores empresas y han sido pioneros de nuevas industrias.
Ese es uno de los motivos por el que yo tome acción para eliminarles la sombra de la deportación a los DREAMers, que son los jóvenes que fueron llevados a los Estados Unidos siendo niños. Y por eso es que estoy colaborando con nuestro Congreso para aprobar una reforma migratoria de sentido común. Una reforma que continúa fortaleciendo la seguridad de la frontera y fortaleciendo la inmigración legal, de manera que los ciudadanos no tengan que esperar durante años para traer a su familia a los Estados Unidos. Una reforma que hace que todos rindan cuentas de sus acciones, de manera que los inmigrantes puedan cumplir con las leyes y que a estos no se les explote ni se abuse de ellos. Más que todo, una reforma que les ofrezca a millones de personas indocumentadas un camino para ganarse la ciudadanía. Y me siento optimista de que, después de muchos años de intentarlo, finalmente vamos a lograr hacerlo.
Obviamente, queremos colaborar con el gobierno mexicano en todos los asuntos relacionados con una frontera bien regulada. Pero creo también que la solución a largo plazo al reto de la inmigración ilegal, para que no tengamos que lidiar con esto década tras década, es un México creciente y próspero que cree más empleos y oportunidades aquí mismo.
Estoy de acuerdo con el estudiante mexicano que dijo que, “Siento que puedo lograr el mismo nivel que cualquier otra persona en el mundo.” Así es que creo firmemente que…juntos, podemos lograr más. Juntos, podemos lograr más. Así es que durante el resto de mi tiempo hoy, quiero concentrarme en cinco áreas en las que podemos hacer más.