Salivita/ por Ricardo Salazar
“No es que el modelo de familia esté en crisis, es que en realidad seguimos intentando establecer lo que es eso. Tenemos mucho tiempo inventando formas de vivir en familia. Hoy hay niños que tienen un sólo padre, o que tienen dos padres de un mismo sexo y una madre, o tres madres, pero también los había antes. En realidad nunca hubo un modelo único de familia y por lo tanto no se puede decir que esté en crisis”. Palabras más palabras menos (y según la traducción libre de acá su servilleta), eso fue parte de lo que dijo ayer Jonathan Franzen en su encuentro con los periodistas de México en el marco de la FIL.
Y son palabras que resuenan porque se trata de un escritor, cuyo libro más laureado (Libertad, Editorial Salamandra) trata precisamente de una familia tradicional, de papá, mamá, dos hijos y un lindo jardín, en cuya trama se escudriña el lado humano, oscuro y cotidiano de los personajes. Personajes que viven y piensan cosas indecibles en voz alta como el odio de un hijo a una madre por confesarle que había sido violada, o el cansancio de una madre ante la monserga de cuidar a los chiquillos, lo que la hace buscar pretextos para no estar con ellos y descansar, y luego sentirse culpable.
Tanto en su novela, como en su charla de ayer, Franzen nos invita a dejar los absolutismos, esos en los que sólo se puede ser feliz en una familia nuclear, o lo contrario, que para ser feliz hay que emanciparse. Nos invita a dejar de lado el esto es bueno y aquellito malo. Y con esto nos muestra un lado sensible y profundamente humano: que cada quien viva como quiera, como le funcione, para ser feliz. Algo refrescante en un mundo en el que en apariencia se encuentran en guerra ambos modelos, pero que en la realidad, conviven, coexisten y juntos forman nuestras sociedades.
Bien nos vendría escuchar a Franzen y bajarle de espuma a nuestro chocolate, disminuir dos rayitas a la histeria y dejar de lado eso de que el modelo de familia en el que yo vivo –o quisiera vivir- es el mejor y los otros valen sorbete.
Grava
Otro absolutismo que Franzen nos invita a dejar de lado es el del crimen organizado en México. “No se trata de cárteles de la droga sino de un negocio con una gran logística mundial, igual de eficiente que DHL: lleva a cualquier parte del mundo lo que DHL no quiere entregar”.
*** Publicada en el suplemento FILias de Milenio Diario el 25 de noviembre 2012
