sábado, 12 de abril de 2014

Ámsterdam. Día 1



Parte de Novedades. Ámsterdam. Día 1. Sólo les puedo decir una cosa. Ámsterdam es una postal el cada esquina. Si perderse en Berlín fue una maravilla en Ámsterdam es dos. Todos los edificios son chiquitos, incluso los grandes corporativos internacionales a las afueras de la ciudad no pasan de los 4 o 6 pisos. En el centro las casas son chiquitas, con espacios muy bien aprovechados, de una apariencia frágil, pero resistente. Dan ternura y llaman a la contradicción porque los holandeses son, en general, de mayores dimensiones que los berlineses, pero sus espacios mucho más peques.
Eso de las dimensiones de los holandeses se nota en el tamaño de las bicis, son grandes y alargadas, de cuadros pesados y fuertes sin nada entre las piernas y casi siempre con una caja, así literalmente una caja de plástico o madera en la parte de enfrente que es multifuncional, pa poner la mochila, el mandado o el perro. Son cajotas. Y sí, hay mucha, mucha bici. Entre otras cosas porque hay zonas en la ciudad a las que es imposible acceder de otra forma. Hay muchas bicis, pero no como exageró El País hace meses como para que se formen embotellamientos o la circulación sea ya imposible. Hay más, per cápita espacial, en algunos tramos de la Vía RecreActiva.
Es curioso como al caminar y que le pasen las bicis a uno rapidito llega una sensación de culpabilidad de estar invadiendo sus espacios. Y es que hay de todo tipo de ciclopista. En las banquetas, en los arroyos vehiculares, en los arroyos del tranvía, en calles peatonales... casi todo es Zona 30, así que la tranquilidad impera, aunque sí, no falta uno que otro campanazo al turista distraído que por tomar fotos invade el carril bici.
Y es que, como ya decía, todo, todo, cada esquina, cada canal, cada edificio, cada galería. cada tienda, cada tranvía, cada gente, cada zona son fotografiables. Nunca me había sentido como japonés mutado en cerdito de la onda uuuuoo! y nunca había disfrutado tanto perderme en una ciudad, porque aunque todo es hermoso, todo es muy similar y enredoso, las calles rectas o avenidas de referencia, son requetereraras aquí. Pese a ello, a que todo es muy similar, cada barrio tiene su propia personalidad. Junto a la ópera, por ejemplo, está una estatua de Spinoza, ese gran filósofo que aforizó las emociones y justo al pasar el puente junto a él comienza una serie de tiendas de diseño que es maravillosa. Lámparas, muebles, accesorios para el hogar, todos únicos, requetecaros y requetebaratos, todos muy codiciables. Y si de diseño hablamos hay varias tiendas de zapatos súper originales, únicos, geniales, hermosamente feos y feamente hermosos, pero la desgracia es que la mayoría son de mujer. Me enamoré de varios.
Otro distrito en el que me perdí es el que supongo yo es el paraíso de los guormeteros, pequenos restarurantes chic de cocina internacional, todos con algo especial en su diseño que se antoja meterse y sentarse en cada uno.  A su lado y ya junto al distrito donde está mi hotel hay uno de galerías tipo Soho en Nueva York donde vemos obra gráfica súper interesante. Por aquí hay mucho restaurante y mucho café. Y ya que menciono los cafés, sí, hay muchos Cofee Shops (expendios para fumar mota) a los que desde hace meses los turistas tenemos vetada la entrada según se informó hace meses. Aún así quien quiera probar la mota, lo hará, y no porque la consiga de forma ilegal, sino porque en las tienditas tipo Oxxo de las esquinas la venden en galletas, paletas, cervezas, refrescos té, dulces y cualquier cantidad de presentaciones, y ahí sí, los turistas tienen vía libre. Y no, las calles no huelen a mariguana, ni tampoco están llenas de gente drogada.


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