El sábado, el aplausómetro matraquero se encendió con Marcelo Ebrard. A cada propuesta, a cada idea, aplauso, porra. “Ese es mi gallo” (pá 2018, pero gallo). El martes, el aplausómetro matraquero se activó con Josefina Vázquez Mota (devenida en entrevistadora), a cada propuesta – que las tiene- a cada idea, aplauso, porra. “Esa es mi gallo” (decir gallina, sería demeritarla) para 2012 –si los machos se le cuadran-. Y mañana, el aplausómetro matraquero se activará con Enrique Peña Nieto. A cada idea, a cada propuesta –si las tiene-, aplauso, porra de los que, arrogantes, ya se sienten en el poder y ya andan mareados. “Ese es mi gallo copetón”.
La presencia de tres presidenciables (bueno, dos, el otro ya peló) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara plantea la duda de si la feria es el escenario adecuado para hacer campaña. Y a mí, que me encanta la política, su visita me tiene fascinado. Sin embargo, hay que reconocer que quienes repudian la politiquería en la FIL tienen cierto grado de razón.
Las molestias que su sola presencia genera, explican y justifican el recelo. Algunas presentaciones han sido retrasadas para permitir que los señores y la señora se luzcan, y su porra amorfa se ha mostrado poco cortés con los verdaderos dueños del espacio: los lectores y los escritores. Baste decir que en dos de las pasarelas –y en la otra también, seguro-, los que vinieron a escuchar a sus gallos han callado y hecho el feo a los que acuden a encontrarse con autores que no escriben libros para ganar votos, los que no disfrazan su promoción personal de acontecimiento editorial, los que sí saben del arte verdadero y no sólo del de la simulación.
Ahí está el meollo. La feria -ya lo han dicho sus autoridades-, es única porque pone de frente a los autores con los que tienen el gusto de leerlos, acompañarlos en sus aventuras a través de las letras, que los incorporan a su intimidad, que los invitan a su cama o a su sofá, o a su vida, aunque sea tres páginas por noche. No es para que se luzcan los que tienen al país en la ruina, es para que se luzcan los que pueden sacarlo de ella.
Es para que las palabras seduzcan, contagien, tienten, propicien, detonen. No para palabras-promesa vacías, que, como está el sistema en el país, no podrán –o si ganan, no querrán- cumplir. La FIL es de los que leen, no de los que nos tienen con los ojitos vendados.
Aunque eso sí, al revés, puequé sirva de algo. Una de las misiones de la feria es formar lectores. Pues bien, la presencia de la militancia matraquera en la expo puede hacer que, aunque sea de rebote, se les pegue un libro y entonces sus neuronitas comiencen a trabajar y viajen por mundos, posibles e imposibles, y con ello aumente un poco ese vergonzoso 1.1% de libros promedio, leídos al año por persona.
Ellos no le sirven a la FIL, la FIL les sirve a ellos. Sabedores de que es el evento cultural más importante del país pueden decir, orondos: “¿quiubo?, ¿ya ven que sí me interesa la cultura?”, aunque en sus plataformas no haya nada para elevar ese porcentaje pinche del presupuesto para el sector.
Así que, shu, shu de la feria, que ya los iremos a ver en otro lugar, allá muy lejos.
Grava
1.- En materia política, lo único salvable es que Fernando Vallejo venga y les diga en su cara –sin saber ni quienes son, y sin que le importe - sus verdades a los políticos. Eso se aplaude porque reposiciona el papel del creador como la conciencia de un pueblo, el grillito cantor -la ladillita en el caso de Vallejo-, que un artista debe ser.
2.- Haga patria, eduque a un priista. Yo ya le regalé dos un libro de Vallejo.
Ricardo Salazar
(Columna publicada en el suplemento FILias de Milenio Diario Jalisco el 02 de diciembre de 2012)

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